A
veces no hay nada que decir, a veces nada debe de ser dicho. Sólo quiero
encontrar a alguien que no huya, alguien que me mire a los ojos y me diga que
todo va a estar bien, que las cosas a veces no salen como esperamos, que así es
como funciona la vida y siempre será así, que no va a ser fácil hoy, ni mañana
ni al día siguiente, pero que de alguna manera todo mejorará.
“Considero menester dar a saber que al abrir este cofre
que usted, inefable oyente, sostiene entre sus manos, está encendiendo los
motores para emprender el viaje de ida (el que avisa, no traiciona). Me animo a
vislumbrar en lo más valiente de su idiosincrasia, al oír nuestro sueño, una
búsqueda de sensaciones que no se venden en cualquier esquina. Sensaciones que
si uno hace un mea culpa de carácter introspectivo, traen reminiscencias que no
duelen. Donde lo misógino se torna benevolente y lo beligerante se ahoga en
banderas blandas.
Mis queridos, vale aclarar que en los más crudos inviernos, también hay solsticios (se sienten mucho menos frío). Allí es donde el sentido común (el menos común de los sentidos) puede dejarnos faltos de asfalto o mutar en símbolos.
La gente le da poder a los símbolos. Un símbolo solo, carece de sustento, pero con la suficiente gente un símbolo puede ser inexpugnable. Desde la cima de la montaña se ven como llamitas de algunos reluces por breves momentos con ápices de luz y sumisos, se van dejando apagar. Otros (los menos, los muy, los tan) arden con grande fuerza, alimentándose de la energía del pueblo (esos fuegos que no logran extinguirse). y este fuego, créanme, es al que vale soplarlo, sin permitirle a la desidia celestial mal librarnos de afilar nuestros sentidos hacia este guiño a soñar codo a codo.
Los invitamos a aceptar lo que fuimos, para vivir como somos y entender (más también disfrutar) lo que seremos. Porque sin lugar a dudas seremos lo que debemos ser o no seremos nada! escuché por allí que el ver y el oír hacen desdichado al pensar.
Invitamos a vuestras mercedes a esta mesa servida.
Ahora y para siempre: ¡que salte la banca!”
Mis queridos, vale aclarar que en los más crudos inviernos, también hay solsticios (se sienten mucho menos frío). Allí es donde el sentido común (el menos común de los sentidos) puede dejarnos faltos de asfalto o mutar en símbolos.
La gente le da poder a los símbolos. Un símbolo solo, carece de sustento, pero con la suficiente gente un símbolo puede ser inexpugnable. Desde la cima de la montaña se ven como llamitas de algunos reluces por breves momentos con ápices de luz y sumisos, se van dejando apagar. Otros (los menos, los muy, los tan) arden con grande fuerza, alimentándose de la energía del pueblo (esos fuegos que no logran extinguirse). y este fuego, créanme, es al que vale soplarlo, sin permitirle a la desidia celestial mal librarnos de afilar nuestros sentidos hacia este guiño a soñar codo a codo.
Los invitamos a aceptar lo que fuimos, para vivir como somos y entender (más también disfrutar) lo que seremos. Porque sin lugar a dudas seremos lo que debemos ser o no seremos nada! escuché por allí que el ver y el oír hacen desdichado al pensar.
Invitamos a vuestras mercedes a esta mesa servida.
Ahora y para siempre: ¡que salte la banca!”
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